Por Aze Cervantes
Barranquilla se vistió de fiesta para recibirla. La ciudad estaba lista, la gente esperó con emoción, la prensa tenía los micrófonos listos. No era para menos: su tierra le rendía homenaje, el Carnaval de Barranquilla lleva su nombre este año, y miles de fanáticos, locales e internacionales, soñaban con verla, aunque fuera de lejos. Pero lo que debía ser una celebración se convirtió en una humillación nacional e internacional.
Desde temprano, las versiones sobre su llegada empezaron a circular. “Shakira aterriza al mediodía”, decían los primeros reportes. Luego cambiaron a las 4 p.m., después a las 6 p.m. Y a esa hora, efectivamente, su equipo apareció en la entrada internacional del aeropuerto. Se bajaron, saludaron a los fans, se tomaron fotos y grabaron videos, dejando claro que la estrella no tardaría en salir.
Pero la verdad era otra. Shakira ni siquiera había salido de Lima, Perú.
El jefe de prensa de Shakira, en lugar de manejar la situación con transparencia, alimentó el caos. Afirmaron que se estaba organizando un espacio para que la estrella saludara a su gente. La prensa, confiando en su palabra, publicó noticias sin verificar, asegurando que la artista ya había aterrizado y que había ido directo a la Clínica Iberoamericana a visitar a su padre. Mentira.
Mientras tanto, los barranquilleros esperaban horas en el aeropuerto, con cansancio, con hambre, pero con la esperanza de verla. Fans locales, nacionales e internacionales no se movieron del aeropuerto, aferrados a la esperanza de verla llegar a su tierra. Y todo se derrumbó cuando se supo la verdad: Shakira seguía en Lima, Perú, y aún no había abordado su vuelo a Colombia.
El avión aterrizó finalmente a las 11:53 p.m. en Barranquilla, con más de seis horas de retraso sobre la hora prometida.
A la 1:01 a.m., la humillación fue total. En lugar de salir por la terminal internacional, donde la esperaban con emoción y esfuerzo, Shakira salió de manera silenciosa por la terminal de carga, escoltada por cuatro camionetas blindadas, una patrulla de policía y quince motorizados. Ni un saludo, ni un mínimo gesto para quienes la esperaron todo el día.
Su jefe de prensa hizo quedar en ridículo a los medios. En su intento de despistar a la gente, dio información falsa, jugó con la emoción de los fans y dejó en evidencia que la organización de su llegada fue un desastre. Su equipo pasó todo el día asegurando que habría un momento para que Shakira saludara a su público. Una mentira descarada.
Para colmo, la Universidad Autónoma del Caribe y la Monarquía del Carnaval quedaron expuestas. La entrega de los vestidos de la Guacherna, un acto significativo dentro de la agenda del carnaval, tuvo que ser cancelada a última hora por su supuesta llegada, dejándolos en el aire y sin una explicación clara.
La justificación para todo este desastre fue la salud de su padre. Pero si realmente estaba tan delicado, ¿por qué no tomó el primer vuelo a Barranquilla? ¿Por qué esperó hasta la noche, cuando su llegada ya se había convertido en un circo de desinformación?
Cuando finalmente habló, lo hizo en una escueta entrevista con RCN Radio. Pocas palabras, sin emoción, sin una verdadera conexión con su gente. “Feliz de estar en mi tierra”, dijo, mientras toda una ciudad se sentía ignorada y humillada.
Barranquilla le ha dado todo. Su cultura, su identidad, su orgullo de decir que es la cuna de una estrella mundial. Barranquilla se paralizó por ella, se esperaba que se presentara ante sus fans como lo hizo en México, en Brasil, en Perú y ella en su tierra, en el día que más la esperaban para hacer historia, simplemente no apareció
¿Qué pasó realmente?¿fue desinterés, mala organización o simplemente una falta de respeto? Lo cierto es que esta madrugada quedará marcada como uno de los desplantes más grandes de una artista hacia su propia gente.


