Democracia y dignidad en el centro de Ibagué

A las 6:14 de la tarde, con los primeros acordes de la Banda Sinfónica del Tolima un breve silencio recorrió cada centímetro cuadrado del Parque Manuel Murillo Toro, en el corazón de Ibagué.

Era el inicio del Bunde Tolimense, el himno del departamento, una obra musical que compuso Alberto Castilla hace 111 años. Después, más de 10 mil personas cantaron con el orgullo de ser de este territorio. Fue una sola voz que retumbó con una emoción de 2 minutos y 25 segundos, que terminó con vítores y aplausos por lo cantado y por lo que venía: la intervención del presidente Gustavo Petro, que tenía sobre su cuello la típica pañoleta roja de la región.

Al parque no le cabía un alma y muchos se ubicaron en las calles aledañas para no perderse el discurso central, que tuvo como anuncio dos palabras: dignidad y democracia.

El Presidente subió a la tarima a las 6 en punto, cuando el sol ya estaba bajando para perderse en el horizonte y la temperatura estaba menos caliente. Antes hizo un corto recorrido de saludos y reencuentros, como el que tuvo con Tirso, un hombre de más de 80 años, de Ataco, en el sur del Tolima, y con la piel curtida por la vida y el sol. Llegó desde Belén de los Andaquíes, un municipio del Caquetá con uno de los nombres más bellos, para saludar a su viejo amigo. Se conocieron en el M-19 hace más de 40 años.

Muchas personas no llegaron al parque para escuchar al Presidente, pero salieron a la calle para ver pasar su caravana, saludarlo y aplaudirlo como cuando pasan los ciclistas de la Vuelta a Colombia.

El momento para Tirso

A las 6:17 empezó el discurso, primero con la lista protocolaria de saludos y referencias a lo que representa el Tolima para su vida. Después presentó a Tirso, quien estaba sentado justo atrás del Presidente. «Lo conocí en la cárcel, yo era un joven de 25», contó sin afanes. «Creo que le enseñé algunas letras, le enseñé a leer», siguió diciendo.

No se habían vuelto a ver desde 1990, cuando se firmó la paz entre el Gobierno y el M-19. Desde entonces, «ha cumplido su palabra; no volvió a levantar un fusil». El Presidente le dio la palabra y habló 65 segundos. Antes había dicho que «estuvo con Jaime Bateman todo el tiempo en el Caquetá y con (Marcos) Chalita, que era su ídolo».

Paz y Constituyente

La atención de los asistentes estaba viva. Era un momento especial por todo lo que significaba estar allí, teniendo el Presidente al frente.

Petro habló de los territorios que ha perdido Colombia por años. Se refirió a la paz de aquí y de otras partes del mundo, del genocidio en Gaza y de la posibilidad de un acuerdo para ponerle fin a la tragedia palestina.

Recordó lo que han significado los líderes liberales del Tolima para Colombia. Mencionó, por ejemplo, a José María Melo y a Alfonso López Pumarejo. «Lo que estoy haciendo es lo de la Revolución en Marcha de Alfonso López Pumarejo», dijo en medio de los aplausos y las arengas que se repitieron a lo largo de hora y media de intervención.

Otro momento de mucha emoción fue cuando anunció que «ya estamos en modo Constituyente», cuando dijo que «el pueblo es el que decide si hay o no Constituyente» y contó los detalles para hacerlo realidad y lograr las reformas que requiere el país. Ocurrió en los últimos minutos.

Ya había dicho que Colombia no se le arrodillará más al Fondo Monetario Internacional, que su gobierno ha hecho la más grande reforma agraria y la manera como se expresan esos avances para el Tolima.

A las 7:47 terminó de hablar. «En esta plaza histórica empezamos la construcción del poder constituyente de Colombia. ¡Palabra que sí!», dijo emocionado en medio de una multitud que lo escuchó con atención y que se retiró sin apuros de un parque que ha marcado su historia política.

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