La mujer de los sueños de Obregón, que son también los nuestros, es la imagen del XVI Carnaval Internacional de las Artes

La mujer de los sueños de Obregón, que son también los nuestros, es la imagen del XVI Carnaval Internacional de las Artes

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La fiesta de la reflexión celebra y corona a La Mulata como la reina del evento convirtiéndola en su afiche.

Febrero de 2022. El afiche del Carnaval Internacional de las Artes 2022 tiene como imagen central un hermoso y enigmático fresco que hace parte integral de las narrativas que se entretejen dentro de La Cueva, el mítico lugar de Barranquilla “en donde nadie tiene la razón”.

La fiesta de la reflexión, que este año será presencial en casi su totalidad, es organizada por la Fundación La Cueva y se podrá disfrutar en tres escenarios: La Cueva, la Cinemateca del Caribe y La Calle de La Cueva desde el martes 22 al viernes 25 de marzo.

Así nació La mujer de mis sueños

¿Que cómo nació La Mulata o La Mujer de mis sueños? ¿Qué impulsó al entonces joven artista a pintar en la pared de La Cueva a una bella mulatona de ojos de ensueño y con el busto al aire?

Érase una vez un joven artista, para más señas un descollante pintor que disfrutaba hacer de Guillermo Tell, muy amigo de un dentista que además de arreglar sonrisas era fanático de la caza y propietario de una tienda con complejo de mini-mercado, que se convirtió en un bar, y no en un bar cualquiera, en el bar en donde se fraguó una revolución cultural de la que aún se habla 67 años después.

Corría el año de 1957. En ese bar, mejor, esa guarida, esa Cueva, una de cazadores e intelectuales que confabulaban para poner de cabeza la literatura, el periodismo, la pintura, el cine, el joven pintor con complejo de Tell empezó a exhibir algunas de sus obras, las mismas que su entrañable amigo propietario del lugar acomodaba una tras otra detrás de la barra, convirtiendo el espacio en una pequeña galería informal.

 

Un día cualquiera, Eduardo Vilá, el cirujano de la risa, en una de las tantas noches de festín entre los ilustres discutidores, le preguntó a Alejandro Obregón, vitalista pintor de ojos de fuego, qué por qué no pintaba un mural en La Cueva.

El periodista y director del Carnaval de las Artes, Heriberto Fiorillo consigna en su libro La Cueva: Crónica del grupo de Barranquilla que, al otro día, un albañil llegó al bar y preparó la pared para que el ‘matador’ entrara en la arena con el pincel apretado en la boca, se encaramara sobre un improvisado andamio de mesas superpuestas y en pocas horas le diera vida a la mujer de sus sueños.

La parte izquierda del fresco, de acuerdo con la investigación de Fiorillo, representa un busto de mujer que participaba del hieratismo de los maniquíes y, en sus jugosos labios, una especie de sonrisa espectral que centellea como una fugacidad de relámpago. En el lado derecho, el verde, la referencia a la naturaleza, la vegetación, la botánica, la alusión a las flores cultivadas en el jardín de la febril imaginación de uno de los más vitalistas del Grupo de Barranquilla.

Desde entonces esa exótica ‘Monna Lisa’ del trópico, fraguó su propia revolución silenciosa desde allá arriba, obsesionando a todos y cada uno de los clientes de La Cueva con sus senos al natural y su mirada fija.

De acuerdo con Heriberto Fiorillo, Alfonso Fuenmayor, uno de los acérrimos cofrades de La Cueva, señaló que lo primero que hacían aquellos cazadores, intelectuales, obreros y la clientela completa al ingresar a La Cueva“era echar un vistazo al fresco de Obregón. Y era, también, lo último que se hacía”.

Quizás esa bella mulata allí en medio de hombres que bebían solos no era más que la representación de la nostalgia, del anhelo por la compañía femenina en medio de un bar en donde está colgado un cartel que reza: “Señora: Si no quiere perder a su marido, no lo deje ir a La Cueva”.

La carabina del Toto
Como La Cueva es una enorme madriguera en donde no paran de entretejerse las historias, cuentan los que vivieron y se gozaron el cuento que el Toto Movilla, en venganza por una chanza pesada que le jugó Obregón, tomó su carabina y le propinó dos tiros al fresco. Obregón se negó a restaurar el cuadro y los tiros siguen allí a la vista de todos, como si hubiesen sido concebidos como parte de la misma obra.

Como todos los años, el Carnaval de las Artes recibe el apoyo de fieles cómplices que hacen posible esta bella quijotada: El Ministerio de Cultura, la Alcaldía de Barranquilla, Gobernación del Atlántico, las Secretarías de Cultura Distrital y Departamental, RTVC, Universidad del Norte, Bancolombia, Tebsa, la Fundación Sura, Promigas, Grupo Argos, Gases del Caribe, Fundación Nutresa. Con el apoyo de Grupo Planeta, Fundación Gabo, Centro Cultural de Barranquilla, Telecaribe, Transmetro, Cinemateca del Caribe.

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