La derecha colombiana gradúa hoy a un nuevo líder: el ultra conservador Abelardo de la Espriella, quien logró la mayor votación en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, con más de diez millones de votos, y ahora se enfrentará en una segunda vuelta con el candidato de la izquierda, Iván Cepeda. Ni las encuestadoras, en su mayoría, medían ya el impulso que consiguió el penalista. Se trata de un hombre que bebe de las tendencias globales: promete recortar el Estado como el argentino Javier Milei, construir megacárceles como el salvadoreño Nayib Bukele, habla contra el filantropo George Soros y a favor del billonario Elon Musk. Sus puntos en común con Donald Trump también son múltiples, desde presentarse como un empresario rico y exitoso (a pesar de que las cifras no siempre lo respaldan), hasta su obsesión con hacer de la política un show: el candidato baila en tarima, contrata pólvora, vuela drones, inunda las redes con videos de Inteligencia Artificial, y tiene una actitud amenazante contra la prensa que lo cuestiona. Se abre campo como líder ante quien fue durante dos décadas el santo grial de la derecha, el expresidente Álvaro Uribe Vélez.
“Colombianos, hemos perdido. Asumo humildemente mis responsabilidades”, escribió el expresidente Uribe en X al conocer los resultados. “Ganó el Dr. Abelardo De La Espriella. Cumplimos la palabra, votaremos por él y pedimos que se vote por él”, añadió.
Durante toda la campaña la derecha caminó dividida. Por un lado estaba Uribe, quien logró impulsar a varios candidatos de la derecha a la presidencia desde que él salió de esta en 2010, pero que esta vez quedó en tercer lugar con una de sus más fieles seguidoras, la senadora Paloma Valencia, por quien hizo campaña en redes sociales y decenas de tarimas. La candidata no logró movilizar ni el 10% del voto, muy lejos del segundo puesto de Cepeda. El poder de Álvaro Uribe ya no es el mismo. Una enorme mayoría de los votos que usualmente iban a su partido se los llevó la novedad de esta elección, De la Espriella. Incluso una parte quienes fueron sus fieles compañeros de partido, como las senadoras María Fernanda Cabal y Paola Holguín, o el ganadero José Felix Lafaurie, decidieron no apoyar la Valencia y darle su guiño a De la Espriella.
“Abelardo de la Espriella es el posuribismo”, dijo hace una semana Luis Trejos, profesor de Ciencia Política en la Universidad del Norte. “Es la derecha sin Uribe, pero sin desconocer el legado de Uribe. Y es una derecha más moderna en sus formas: su show, su puesta en escena de las tarimas, su uso de la IA y de las redes sociales. En ese sentido, es una derecha más Milei, más Bukele, más Trump”.
De la Espriella también bebe de una tendencia clara en Colombia: la sed por votar por el candidato antipolítico. Abelardo de la Espriella logró pintarse como un ‘outsider’ que no apoyan lo que él llama ‘los políticos de siempre’. Fue una ola que también agarró hace cuatro años el candidato más fuerte de la derecha, el ingeniero Rodolfo Hernández, quien no hablaba tanto de Bukele y Milei pero sí afirmó estar libre de partido políticos. No contaba con el apoyo de Uribe, pero en esa elección el expresidente no se la jugó con ningún candidato como ahora con Paloma Valencia. Hernández perdió ante Gustavo Petro quien, como él, también representaba un cambio para el establecimiento tradicional, pues nunca había llegado a la presidencia un político de izquierda. De la Espriella ahora recoge tanto el rol de ‘outsider’ de Rodolfo como el antipetrismo de los últimos cuatro años de Gobierno.
Paloma Valencia, en cambio, no logró quitarse de encima el calificativo de ser la candidata del ‘establecimiento’. Fue a las tarimas no solo con Álvaro Uribe, sino con una larga lista de políticos conocidos, exalcaldes y excongresistas. Buscó explicar que le interesaba sumar entre distintos, que era importante valorar la experiencia. Pero el discurso no cuajó tan bien como el del ‘antiestablecimiento’. El uribismo, con esta elección, se gradúa a partido tradicional, y el liderazgo de Álvaro Uribe queda en duda. Si bien logró organizar la segunda bancada más grande en las legislativas de marzo, su partido quedó muy lejos de alcanzar la presidencia con uno de los suyos. Abelardo de la Espriella, en cambio, abre un camino desconocido: el candidato ultra nunca ha tenido un cargo de elección popular, pues se dedicó las últimas dos décadas a su firma de abogados.
La división de la derecha para la primera vuelta presidencial no implicó desunión para la segunda, que será el próximo 21 de junio. Para Álvaro Uribe, en particular, no existe opcion: si no gana De la Espriella ganaría entonces Iván Cepeda, el senador petrista que lo sentó en el banquillo de los acusados en un largo proceso penal por fraude procesal y soborno a testigos. De la Espriella, por su lado, también necesita de Uribe, pues solo cuenta con cuatro senadores y una representante en el legislativo. Si quiere aprobar un proyecto de ley, necesita del uribismo que tiene la segunda bancada más grande.
Uribe, quien se jugó todo por Paloma Valencia, no es tampoco distante de la familia De la Espriella. Es amigo personal del padre del candidato, Abelardo de la Espriella Juris, a quien le asignó dos notarías durante su gobierno, primero en Cartagena y luego en Bogotá. Uribe se reunió con el candidato a principio de la campaña, el año pasado, y por un tiempo impulsaba una coalición de oposición que fuera desde “De la Espriella hasta Fajardo”.
Paloma Valencia ya reconoció su derrota. “Quiero felicitar su elección. Significa que Colombia no caerá en las manos del comunismo de Cepeda y de Petro”, afirmó. La derecha llega a la segunda vuelta presidencial con un nuevo líder, el abogado Abelardo de la Espriella.

