Un síntoma de la democracia es la libertad de expresión, el respeto por las diferentes voces que hay en la sociedad y una ciudadanía bien informada. Son conquistas que espantan al autoritarismo y al fascismo, que castigan la libre expresión.
En el caso colombiano, la expresión más reciente de censura efectiva se dio en los tiempos del Estatuto de Seguridad, una medida excepcional en el gobierno de Julio César Turbay Ayala, que prácticamente legitimó las violaciones a los derechos humanos contra la oposición de izquierda.
Por eso aterra la decisión del Consejo de Estado ordenando a la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) limitar las alocuciones del Presidente de la República, lo que nunca había ocurrido. Al mejor estilo de los tiempos de Turbay Ayala, se le exige al mandatario enviar previamente el guion de la alocución y otras condiciones, todas sujetas a que le digan que “No” a la solicitud.
Hoy es la CRC, por decisión del Consejo de Estado, la que decide qué se puede decir, qué no y si el tiempo empleado es el adecuado. ¡Censura! Ni más ni menos, contra un gobierno que nunca ha tomado medidas para limitar la labor informativa de los periodistas y medios de comunicación ni contra la libertad de expresión. Censuran al Presidente en su responsabilidad de hablarle al país y contarle lo que está pasando en los temas urgentes para las comunidades.
Algunos, de la oposición, celebran lo que está ocurriendo, echándose al hombro esas y otras expresiones fascistas que no le hacen ningún favor al país. Por el contrario, lo recuesta en unas condiciones paupérrimas para la democracia.
Está claro que esta y otras medidas han aflorado porque se trata de un gobierno progresista que rompió una historia de hegemonía de quienes sirven de titiriteros en las distintas instancias que se dedican a ponerle obstáculos en el camino al presidente Gustavo Petro.
No les importa que se esté rompiendo el orden constitucional y los fundamentos del derecho internacional que garantizan efectivamente que no se cometa ese tipo de atropellos. A la censura no podemos volver.

