Colombia inició su camino hacia el Mundial 2026 con una victoria contundente sobre México (4-0) en el AT&T Stadium de Arlington, Texas. El amistoso, disputado el 11 de octubre, dejó señales tácticas claras del proceso que lidera Néstor Lorenzo: presión alta, ocupación racional de espacios, y una transición ofensiva veloz y coordinada.
Desde el arranque, el equipo colombiano mostró una estructura compacta en fase defensiva, con líneas cortas y una presión organizada que incomodó la salida mexicana. El bloque medio-alto permitió recuperar balones en campo rival y acelerar el juego por los costados. La apertura del marcador llegó temprano (16’) con un cabezazo de Jhon Lucumí tras un tiro de esquina, producto de una jugada ensayada que evidenció trabajo en pelota quieta.
En la segunda mitad, Colombia mantuvo el control del ritmo y la posesión, alternando entre ataques rápidos y circulación pausada para desarticular la presión mexicana. Luis Díaz (56’) amplió la ventaja tras una secuencia colectiva que involucró al triángulo ofensivo y culminó con una definición cruzada. Ocho minutos después, Jefferson Lerma (64’) conectó una media volea desde la frontal, aprovechando una segunda jugada tras centro desde la derecha. El cuarto gol, obra de Johan Carbonero (86’), llegó en transición, con México volcado y desordenado en defensa.
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— Selección Colombia (@FCFSeleccionCol) October 12, 2025
Más allá del resultado, el partido permitió observar variantes tácticas en la Selección. Lorenzo apostó por un 4-3-3 flexible, con interiores que alternaban funciones defensivas y ofensivas según el momento del juego. El mediocampo, liderado por Mateus Uribe y Lerma, fue clave para sostener el equilibrio y cortar circuitos mexicanos. En defensa, la pareja de centrales (Lucumí–Cuesta) mostró solvencia en el juego aéreo y anticipación, mientras que los laterales ofrecieron amplitud sin comprometer el retroceso.
México, por su parte, intentó imponer ritmo con posesión en campo medio, pero careció de profundidad y precisión en el último tercio. La presión colombiana obligó a errores en salida, y la falta de coordinación entre sus volantes ofensivos facilitó la recuperación rival. El equipo dirigido por Jaime Lozano mostró dificultades para ajustar su bloque defensivo ante los cambios de ritmo de Colombia.
El cuerpo técnico colombiano aprovechó el amistoso para rotar piezas y probar variantes. Ingresaron jugadores como Carbonero, Sinisterra y Campaz, quienes aportaron frescura y velocidad en los últimos minutos. La gestión de los cambios evidenció una intención clara de consolidar un grupo competitivo y versátil, capaz de adaptarse a distintos contextos de partido.
Este triunfo refuerza la tendencia positiva de Colombia ante México (ya se había impuesto 3-2 en 2023) y marca el inicio de un ciclo que busca afianzar una identidad táctica clara, con énfasis en la presión organizada, la ocupación inteligente de espacios y la eficacia en momentos clave. El resultado, aunque abultado, fue consecuencia directa de una superioridad táctica sostenida durante los 90 minutos.

