No es una lucha solitaria

La reciente acción terrorista en Cali contra la población civil, no solo viola el Derecho Internacional Humanitario, sino que deja sobre la mesa que por ahora no hay oferta de paz que les sirva a los grupos armados ilegales. Para ellos, el corazón de todo es que no se les afecte el negocio ilegal que manejan: narcotráfico, contrabando, minería ilegal…

Y lo que ha hecho precisamente el gobierno del presidente Gustavo Petro es atacarles el negocio, en una estrategia histórica que respeta a los campesinos sometidos a sobrevivir de los cultivos de uso ilícito. «En lugar de fumigar campesinos, enfrentamos a los capos”, ha reiterado el presidente.

Para ir más al fondo de las violencias de hoy en Colombia, ha manifestado que ya no hay grupos insurgentes. No. Perdieron sus orígenes y hoy son grupos armados dedicados al narcotráfico. Y es precisamente el narcotráfico, ahora constituido en un cartel internacional, el que impacta a las comunidades, al Estado y al medio ambiente. En manos del narcotráfico está la deforestación de la Amazonía y de otras zonas del país y mueve buena parte de los hilos de la corrupción en el Estado.

A esto se suman, también referido por el presidente, los indicadores de homicidios en las ciudades con puertos, aéreos y marítimos, desde donde sale la cocaína y llega el contrabando.

Por todo eso y teniendo como detonante lo ocurrido en Cali, el presidente ha hecho un llamado al mundo para que incluya como grupos terroristas a la Segunda Marquetalia, a la organización de Iván Mordisco y al Clan del Golfo. Lo hizo el jueves en la noche en la capital vallecaucana.

Y este viernes, durante su intervención en el encuentro de presidentes de la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA), en la Casa de Nariño, hizo un llamado para que desde los organismos de seguridad de esta región se coordine la lucha contra este enemigo de la selva amazónica. Además, le pidió al presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula Da Silva, organizar una conferencia internacional de seguridad de América del Sur, de América Latina y del Caribe, para actuar contra esas organizaciones criminales “que pueden arrinconar democracias como en Haití o destruir Estados o llevarnos a la posibilidad de la destrucción de la selva amazónica”.

Luchar contra el narcotráfico no es una tarea solitaria y se requieren compromisos reales porque hay muchas cosas en juego, como la supervivencia humana y el futuro de la democracia.